Función del Mito y el Ritual en el Campo de la Cultura

Lo más aproximado que podemos tomar para arribar a definir que es un Mito, es que es un conjunto de signos y símbolos, entrelazados armando un sentido un significado, es una forma narrativa.


Si lo tomamos etimológicamente encontramos que es una palabra que viene del Griego y significa “relato” o “cuento” y que como relato trata de dar cuenta de las hazañas y vicisitudes de personajes heroicos y fantásticos, que tratan de explicar algún acontecimiento.


Existe una solidaridad lógica entre el concepto de mito y el de ritual, tomaremos al ritual como las acciones simbólicas que generan una comunidad y al mito como la producción de esos simbolos que el ritual pondra en práctica generando efectos sobre lo social y lo individual.


Lo cultural como producción colectiva, comunitaria de relatos, de simbolos, queda intimamente entrelazada a lo individual de un modo casi indistinguible.


Es de destacar que el mito como relato narrativo, es una ficción simbólica, y como tal cobra toda su importancia. Su carácter simbólico de “cuento” no lo hace menos valorable, como tampoco le da un sentido de engaño o trampa al ser una ficción y mucho menos le hace perder el estatuto de credibilidad que conlleva al ser un artificio, es de creación artificial, no es natural.


Si el mito es un relato narrativo que tiene carácter simbólico ¿qué funcion cumple? ¿qué simboliza?


No nos detendremos en ningún mito en particular, sino que lo tomaremos en su carácter general.


Los mitos tratan de explicitar, de dar cuenta, de acontecimientos que no pueden ser explicados por el conocimiento racional de forma acabada, como la pregunta por el origen de la vida o de la sociedad , por el sentido de la vida, por la muerte, por la esencia de lo incompatible de la sexualidad etc. el pensamiento racional no logra arribar a respuestas de carácter verdadero, de certeza indubitable.


Es decir que ante ciertos “enigmas” , en la vida del hombre, y que presentan un modo imposible al entendimiento racional, que por decirlo de alguna manera aproximada, agujerean el conocimiento, es aquí en donde el mito cobra todo su valor, aportando un saber, en forma de ficción sobre aquello que aqueja al hombre.


Es de destacar que no todo relato colectivo, social o comunitario tiene el valor de mito, no cualquier relato es un mito, pero sí, aquellos que intentan dar explicación a esos enigmas, que el mito intenta simbolizar, ese es su carácter de ficción y de construcción artificial.


Dicho de un modo más formal, el mito viene al lugar donde la verdad es imposible de ser dicha en forma completa y entonces el mito simboliza de un modo parcial, y es por eso que sólo de forma parcial la verdad tiene manera de ser representada. La verdad nunca puede ser dicha toda. Es esta la relación más estrecha, más íntima entre el saber mítico y la verdad.


Si el mito simboliza “algo” de la verdad, es entonces por eso, que cumple una función central a nivel individual y social.

Nos permite saber “algo” de la verdad, teniendo un efecto pacificador y tranquilizante, pues no podemos saberlo todo y eso sería absolutamente aterrador para la experiencia humana, pero podemos saber apenas algo en forma mítica.


Que existan diferentes mitos en las diferentes culturas tiene un efecto en lo social, el mito da forma lógica a lo social, le da coherencia y mantiene unida a la comunidad, la protege ante amenazas de dispersiones de atomizaciones.


Los rituales ponen en acción a los mitos. El ritual es la práctica de un conjunto de valores y ordenes que mantienen unida a la comunidad, la situan en tiempo y espacio, hacen a la comunicación social y a la transmisión del sentimiento de pertenencia comunitaria, si la pudieramos traducir de algún modo diríamos que es la sensación de “sentirse en casa”, de tener un hogar hospitalario en el mundo.


Sin que lo ante dicho pretenda tener un tono de clásico, es interesante ver como hoy en las formas actuales se ve una tendencia a la desaparición de los rituales con la consecuencia que esto tiene en lo social y más aún en la aparición de dificultades a nivel subjetivo.


Son cada vez menos frecuentes en las sociedades occidentales, los rituales de iniciación a la vida adulta de los adolescentes, los rituales de unión entre las parejas, los rituales funerarios cada vez tienen un espacio de menor valía e importancia.


La sociedad actual tiene una tendencia a desestimar los rituales y esto conlleva efectos muy gravitantes en la comunidad y en la salud, la sociedad actual cada vez está más atomizada en pequeños subgrupos como efecto de la comunicación llamemosle digital. Cada vez más conectados pero menos comunicados y aislados, una conección sin cuerpo, sin el cuerpo del semejante, condición fundamental de la existencia de la vida en comunidad recuperar el cuerpo en el lazo con el otro, de aquí todas las manifestaciones de carácter depresivo y de conductas de aislamiento que hoy se verifican de forma alarmante.


El ritual es la incorporación de valores simbólicos, es decir es con el cuerpo, no sin él.


Sin rituales, es decir sin una matríz simbólica, sin ese relato narrativo y sus actos, nos encontramos imposibiltados de tener a disposición una verdad de modo parcial, nos encontramos cara a cara con un vacío. Al que estamos empujados a llenar con el consumo desenfrenado, desde objetos hasta adicciones, hasta el consumo de nosotros mismos por nosotros mismos, consumidos por la idea de eficacia, que reemplazó a la idea de trabajo, la eficacia es el nombre actual de la autoexplotación.


El ritual propone una lógica temporal que es el de la incorporación por repetición.

Los rituales se repiten en el tiempo y a la vez hacen existir un tiempo de reflexión, de pausa, de contemplación, de espacio comunitario.


El espacio comunitario esta sostenido en la observancia y puesta en acto de los rituales, es así como lo comunitario ofrece su carácter protector a los sujetos. Por ejemplo existe una tendencia fuertemente creciente a la desaparición de los rituales funerarios, a las ceremonias velatorias, si bien en la actualidad existen diversas formas de despedir a un ser querido que ha fallecido, ninguna de dichas maneras tienen la forma ni la fuerza simbólica de un ritual, es decir son prácticas sin fuerza que no protegen al individuo.


Para el filósofo y semiólogo frances Roland Barthes “la ceremonia funeraria se aplica como un barniz sobre la piel, protegiendola y aislandola así de las atroces quemaduras del duelo que causa la muerte de un ser amado. Donde no se celebran rituales como dispositivos protectores la vida esta totalmente desprotegida. La presión por producir no podra dar solución a este desamparo y a esta intemperie”


En la actualidad el tiempo ligado a la idea de eficacia y de comunicación digital, ya no es un tiempo reflexivo ni contemplativo, es un tiempo ligado a la productividad y de consumo, es un tiempo ligado al aquí y ahora, un tiempo sin tiempo. Sin tiempo no hay posibilidad de despliegue del sujeto, es la muerte del sujeto y es el tiempo del individuo ligado a ser el propio empresario de sí mismo, de esto se desprenden todos los conflíctos de ansiedad y el consumo de psicofármacos a modo de golosinas.


La socidad des-ritualizada, esta lanzada al imperio de las pasiones y no de los sentimientos, el sentimiento contempla al otro, al semejante dentro de la comunidad. Las pasiones, por lo contrario, no contemplan al otro como necesario para el hogar comunitario, lo propone como rival a destruir, como competidor a muerte, ejemplo la pasión del odio, tan difundida hoy día.


Las sociedades modernas se asientan sobre conceptos y practicas en donde apoyan a modo de columnas las bases de su estructura, uno de esos pilares es la idea de libertad que promueve a sus habitantes, dicho de alguna forma, es la manera en que cada cual, desarrolla su vida en forma libre dentro de un marco comunitario.

La creciente tendencia, en el ambito cultural contemporaneo, de la perdida de los rituales y sus correspondientes ceremonias, generan una verdadera transformación en la estructura del ámbito social comunitario y en la manera que las personas tienen de armar lazo social. Entre unos de sus fundamentos mas presiados esta la idea, en forma de promesa, de la libertad.


La idea de libertad contemporanea esta entendida como realización de sí mismo por sí mismo, la cultura actual eleva a un valor superior la idea de la meritocracia, por la cual se insita a los sujetos a sostener que se mejora o empeora la situación social, unicamente por merito propio, asi se explota voluntariamente y apasionadamente a sí mismo, hasta quedar maltrechos, el fracazo de esto produce profundos cuadros de depresión.

Los individuos llevados por la lógica de la producción quedan atrapados en la idea de una falsa libertad, ahí donde mas libres se perciben en su autorrealización solitaria, más explotados se encuentran y mas aislados por fuera del amparo comunitario. La verdadera libertad es una realización en lo comunitario y con lo comunitario, no un acto en solitario.



- Lic. Oscar Visconti

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