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El Bandoneón y la Rosa | Tango Ficción

Updated: Dec 17, 2020

Primera Parte.



Los barrios de Buenos Aires aún guardan esa magia, tan particular, que nos hace voltear la mirada, para volver al tiempo en el que todo era posible, tiempo en el que nos llevábamos todo por delante, con una sonrisa en los labios y alguna que otra excusa nunca dicha.

Una noche en el “Remolino”, ( el Bar del barrio),disimulando el aburrimiento, que nos acosaba sin piedad, charlábamos, en rueda de amigos. 

Amigos de café, entiéndase gente que va al café, que circunstancialmente nos cruzábamos allí; si bien todos nos conocíamos, existían los grupos, con mesas predestinadas, por ejemplo nuestra mesa era la que miraba a la calle, con un gran ventanal, vista panorámica del gentío, que desaprensivamente se exponía a nuestras bromas y miradas inquisidoras.

El gordo Oscar, dueño del bar, café y grill, cuidaba de que nadie se sentara en nuestra mesa, reservada de por vida, hasta que el ultimo de nosotros cruce la meta final.

Allí  fue, en nuestro querido “Remolino”,  donde me enteré, así como quien no quiere la cosa, que Raúl, el músico, andaba mal, yo ya lo había visto, tirado, durmiendo la borrachera del día anterior en las mesas del fondo, cerca del baño, sucio y mal vestido, un verdadero desastre. Como siempre la culpable era una mina.

La mina en cuestión era Lucia, un bon bon, de aquellos, que sólo en Buenos Aires es posible encontrar y que si tenés suerte, mucha suerte, por ahi te da bola.(disculpen mi lenguaje).

Como dije, Raúl era músico. Tocaba el Bandoneón en un club de barrio, el “Sol de Oro”, junto a otros dos compinches, formaban el famoso trio “El Metejón”, famoso, claro para nosotros. 

Todo esto ocurrió en Barracas, no hace mucho, aún hoy, las comadres comentan sin reparo, en las veredas y el mercado, las vicisitudes del hijo de doña Teresa, el Raúl, el músico,- mira que venir a meterse con la Lucia- decían las viejas, -es zonzo el cristiano macho-dijo la panadera, mientras pesaba un kilo de flautitas, así se pasaban de una otra  la historia del barrio, el romance que no fue, claro que cada una le agregaba algún adorno, toque personal, como para que no aburra la misma version.

La verdadera, la posta, la conocíamos nosotros, sus amigos.

Al ver a Raúl tan mal, pregunto al Cacho (que estaba sentado al costado), tomando una cerveza, -ché quė le pasa al Raul?- -Y que querés que te diga- me contesta Cacho, con un ademán con las manos, como diciendo, yo no fui, -te estoy preguntando- y esta vez me dirigí a todos los de la mesa, como abriendo la conversación, Cacho me mira, y se desentiende, pegándole un largo beso a su vaso de cerveza, acto seguido, Carlos sentado justo frente al ventanal que da a la calle, medio sonriente dice-y el Raúl no se decide si va para San Juan o Mendoza-y en ese instante se acerca el Gordo Oscar, con un café, me lo acerca con resignación, me palmea la espalda, y se va, - yo no te pedí nada Gordo- le grito, el Gordo desde lejos y de espalda, se ríe y sigue con lo suyo.

Les cuento que Cacho era el pianista del “Metejón”, amigo de Raúl desde la primaria, el otro integrante era Salgado, tocaba el bajo,no conocimos otro nombre de él y no creo que Salgado haya sido su nombre. Sí,sabemos que estuvo guardado un tiempo, por razones que se desconocen, a veces es mejor no saber.

Los sábados por la noche, “El Sol de Oro”, tenía una Milonga, de todas las cosas que ofrecía, Papi futbol (hoy le dicen Futsal) mesas de billar y metegol, la Milonga era la estrella, venía gente hasta de otros barrios, a bailar y a escuchar al “Metejón”, se dice que una noche vino Copes, yo no lo ví, quizás sea otro verso de la comisión, la cosa es que el Gallego del bufete tiene una foto del bailarín en la pared.

Pero dejen que les sigo contando, esto lo viví yo, de cuerpo presente, un sábado de esos, la Milonga estaba repleta, me acuerdo como si fuese ayer, hacía calor, estábamos en una mesa, éramos cinco más o menos, siempre se agregaba alguien, o se iba alguien, la cuestión es que, Lucía, la mas bonita del barrio ,(esto ya parece un Tango) bailaba y baila muy bien, no era milonguera,como aquellas minas que no se pierden una Milonga,no, ésta sólo bailaba bien, es decir mejor que las otras bailarinas del “Sol de Oro”, pero era muy linda, para ser claro, estaba buenísima.

Hija de tanos, estudiaba en la facultad, no sé que. A la Milonga ella iba en minifalda, imagínence los desparramos, que se armaban cuando salía a bailar, y no le salía a cualquiera, ella sabía con quién sí y con quién no, a mí nunca me salió, había noches que me quedaba el cuello duro, de tantos cabezazos, que caían al vacío.

La Lucía, era como la copa que ganamos en el campeonato del año pasado, era de todos, pero nadie la tenía, un trofeo que pertenecía  al “Sol de Oro”, algo que está en una vitrina inalcanzable.

Hasta que una noche, aquel sábado fatídico y digo fatídico porque esa noche, comenzó a desarrollarse algo que ninguno de nosotros, podría haberse imaginado…

Continúa...



 


El Bandoneón y la Rosa

Tango ficción 

Segunda parte


El Sol de Oro, era un club de barrio, con todas las letras, era de aquellos emprendimientos, que seguían  designios ancestrales, ya establecidos, algo que tiene que ser, sí o sí. Gracias a la testarudez de Tanos y Gallegos, que sin preguntar tanto se arremangaban y manos a la obra; empezó como sociedad de Fomento hoy es un club, que nada tiene que envidiarle a los del centro.

Los sábados de Milonga eran impagables, la gente bien vestida, mujeres arregladas y dispuestas a milonguear, con su compañero, quizás el de toda la vida, gente laburadora.

Bueno, en realidad había de todo, hasta Garrido, se venía de última, era un conocido punga, que ejercía su oficio en la línea 39.

Había para todos los gustos y todas las edades, milongueros de los de antes, y de los de hoy, mas jóvenes y audaces.

La pista de baile no era muy grande, eso hacía que las parejas se apretujaran un poco; las mesitas redondas, con manteles rojos y una servilleta blanca bordada en el medio, a veces ponían flores, traídas por alguna vecina; al fondo del salón estaba el escenario, donde se ubicaba la orquesta, el orgullo del barrio el trío “El Metejón".

El baile transcurría pacíficamente, era prácticamente un ambiente familiar, la orquesta se alternaba con un DJ, el flaco Ernesto, que no era muy querido por nosotros, lo volvíamos loco, con pedidos de Tangos y orquestas.

Lucía siempre ocupaba una mesita, con sus amigas que quedaba justo enfrente, de la nuestra, ambas mesas, estaban cerca del escenario, donde Raúl, el Cacho y Salgado, se mandaban esos Tangos inolvidables, tocaban con mucha fuerza, entusiasmo y sentimiento.

Pero dejen que les sigo contando,  lo que paso esa noche, Todo transcurría normalmente, las parejas se enfilaban, dando la vuelta a la pista, había buenos bailarines, esa noche. Como  era mi costumbre, yo cabeceé a Lucía, que con mucha, delicadeza me da vuelta la cara, aunque esta vez, con una sonrisa, yo pensaba para mis adentros, que una noche de estas se me daba, con ella; había cola para comprar bebidas, así que me quedé tranquilo en la mesa, con mis amigos de la Milonga, había venido Canepa un milonguero, un amigo que aparecía, de vez en cuando, él iba a las Milongas más conocidas, frecuentaba otros ambientes, estaba metido en lo que es el baile y tenía su fama.

Lucía, bailaba con sus habituales compañeros, sólo amigos de la Milonga, nosotros desde nuestra mesa, estratégica por cierto, veíamos toda la pista, nos la pasábamos criticando a uno y a otro, -mirá ése que madera- -mirá a aquélla- y así toda la noche, claro que bailábamos también. 

Al promediar la noche, veo que desde la puerta, se aproximan, a nuestra mesa, tres  hombres que para mi eran desconocidos, tres siluetas, que como sombras, se movían entre la gente, dos de ellos tenían pinta de delincuentes escapados de alguna película y el otro, peinado a lo Gardel, lo miro a Canepa, y le digo- y éstos de donde salieron?- Canepa se levanta y se abraza con ellos, como si fuesen amigos de toda la vida, yo ni me acuerdo de los nombres de todos, pero sí me quedo grabado, el del gardelito, -te presento al Zurdo Flores- dijo Canepa; yo había oido hablar de él, era un milonguero con fama de gran bailarín y también de pendenciero, no hubo otra que agregar sillas, se sentaron con nosotros, éramos como siete .

El Zurdo, no perdia el tiempo, desde que se sentó, le clavó la mirada a Lucía, y preguntaba acerca de ella, nosotros le contestábamos a regañadientes, el Zurdo no era del barrio.

La primer botella de vino, se evaporó en un instante y así paso con la segunda, la tercera y la cuarta (éramos un batallón esa noche).

El Metejón, la orquesta del barrio, hizo su entrada, con Tangos que hacían levantar hasta los muertos, la pista estaba repleta, no cabía un alfiler, era una noche de aquellas, esas raras ocasiones, en las que todo está bien, demasiado bien.

La orquesta, desgranaba su repertorio, eran los dueños de casa, la gente aplaudía, entre tema y tema, con aprobación y respeto.

El Cacho, desde el piano y con aire de Malevo, anuncia el próximo Tango- a lucirse, “Quejas de Bandoneón”- y arrancan con ese tangazo, el Zurdo, se levanta y cabecea a Lucía, que para sorpresa nuestra, se para al costado de su silla, esperando al Zurdo,éste nos mira, haciéndose el canchero y nos dice- está muerta, con permiso…- y se fue, en busca de Lucía; me quise morir, nos quedamos helados, si bien Lucía no era de nadie, era nuestra y punto.

Los amigos del Zurdo, notaron que algo no andaba bien, nosotros nos pusimos, bastante tensos, no cayó bien la canchereada del Zurdo y si en algún momento hubo aceptación de nuestra parte,era por Canepa, que los había presentado.

Se venía la bronca, lo sabíamos. Pero lo que paso después se los cuento en la próxima.



 

El Bandoneón y la Rosa. Tango ficción Tercera parte. Alguien dijo alguna vez, -la Milonga es un reñidero- y no se equivocó; el ambiente estaba caldeado, como les venía contando, el Zurdo sacó a bailar a la Lucía y se floreaba con ella enfrente nuestro, fanfarroneaba se hacía el vivo, ponía caras a sus espaldas, creo que él pensaba, que nosotros festejábamos sus monerías; estaba muy lejos de la realidad. Aunque debo admitir que bailando era un maestro, la gente se hacía a un lado para verlos, mostró figuras y caminatas, paradas de una elegancia dignas de un Cachafaz, Lucía se veía complacida, su rostro mostraba  satisfacción, ella con él brillaba como nunca antes la había visto y eso para mí era lo peor. Lo que el Zurdo Flores no sabía, ni remotamente, era que yo tenía sentimientos secretamente guardados, que no me atrevía a confesar a nadie, ni siquiera yo lo sabía, hasta que ví a Lucía en sus brazos, ahí me ví ante la realidad, que la mujer, que amaba en secreto, podría ser de otro, podría desaparecer, el Zurdo representaba una verdadera amenaza. En nuestra mesa, la tensión iba creciendo, los amigos que estaban esa noche, los de siempre, aquellos que son de fierro, los que son capaces de jugarse por un amigo, comenzaron a mirarme, buscando alguna señal, bastó con un vistazo de mi parte para que se entendiera, que el Zurdo no se la iba a llevar de arriba, incluyendo a los dos delincuentes que lo acompañaban. El hijo del ferretero, Julito, sentado al lado mío, me pasa por debajo de la mesa una daga, con mucho cuidado la tapo con el saco, la cruzo en el cinturón, apenas quedó al descubierto la empuñadura; a todo esto Canepa sentado a mi izquierda, se percata de la maniobra, se acerca y como contándome un chiste me dice al oído -Qué te pasa, te vas a comer un asado- me río nerviosamente, hago como que no le entendí, el corazón me daba trompadas en el pecho, como queriendo salirse, como queriendo desahogarse, tragué saliva, y traté de abstraerme de la situación, saqué mi vista de la pista, puse mi atención en el escenario, y Canepa en voz baja me dice- tranquilo pibe que con estos nenes no se juega- al instante me doy cuenta que los amigos del Zurdo,no me sacan la mirada de encima y digo -y qué!!!- en voz alta como despertándome de un sueño, nos reímos por un momento, el aire se cortaba con un cuchillo. El Metejón tocó un Tango más, “Sombras nada más”, no había cantor, la melodía la ejecutaba Raúl con su Bandoneón, llevaba la voz cantante, el tipo es un virtuoso, capaz de jugarse en una variación a mil, para luego alargar las notas y hundirse en una nostalgia que nos contagiaba a todos. Y yo me fuí, me escapé por un momento, el Tango me envolvió, me rescató de la realidad, volé sin querer por el firmamento tanguero, de Troilo, Fiore y tantos otros, hasta caer nuevamente en mi silla al lado de Canepa, cuando el Tango termina. El Cacho se para y anuncia un- breve receso-. El Metejón deja el escenario, para que Ernesto, tome la batuta, con sus aburridas tandas, que ya nos la sabíamos de memoria. El Zurdo acompaña a la Lucía hasta su mesa, ella se sienta sonriente, contenta, el tipo enfila para nuestra mesa, caminando haciendo firuletes, sobrándonos. Yo me levanto para no cruzarme con él, me voy para un costado, no todavía no, no era el momento de frenarlo, pensé. De repente veo que Lucia se dirige en dirección a los baños, estaban juntos los de hombres y de la mujer al final de un pasillo, me hago el gil, cosa que me sale muy bien y me voy detrás de ella, al perdernos de vista en el estrecho corredor, me adelanto y la tomo de un brazo-qué hacés- me grita un poco asustada, se da vuelta y me reconoce-te volviste loco, qué querés?- -no loco,no, lo que quiero es que no hagas papelones- -de qué estás hablando, estás borracho- me dice, con un fuerte ademán se suelta, yo giro y queda a la vista la empuñadura de la daga, Lucía se queda inmóvil, pálida al ver el cuchillo, me miraba sin pestañear,-no voy a permitir que te vayas con ese gil de cuarta- la vuelvo a tomar del brazo, me empuja y la dejo soltarse, había gente mirándonos, ella se va, disimulando vuelve a su mesa. Me quedo ahí, en la penumbra del pasillo, dudando, clavándome mil puñales, maldiciendo al Zurdo, si él no hubiera venido, todo estaría bien, al final de la noche todos juntos nos iríamos al Remolino, entre charla y charla, esperaríamos al amanecer  y luego cada uno a su casa.Pero no, no fue así. Dejen que les cuento, lo que pasó al finalizar Ernesto sus Tangos, El Metejón vuelve a la escena, a todo esto, yo nuevamente en mi lugar en la mesa, el Zurdo Flores haciendo chistes de los que sólo se reían él y sus compinches, Canepa no sabía que hacer, se la pasó haciendo señas, como el penado catorce, él estaba en el medio  de este lío. En el centro de la mesa había como adorno, un pequeño ramo de flores, que las vecinas de la cuadra, traían para alegrar las mesas, el zurdo agarra el recipiente y saca una Rosa roja, la única que había, se para y se acerca a la mesa de Lucía, hace como si fuese a sacarla a bailar, le ofrece la Rosa, Lucía la toma y me mira, Canepa me agarra de un brazo, me tira para abajo, Lucia con la Rosa en la mano,deja su silla, empieza a caminar, pasa por al lado del Zurdo, llega al pie del escenario,donde El Metejón se disponía a comenzar una nueva tanda, le dá un beso a la Rosa y se la dá a Raúl, como una ofrenda con las dos manos, éste se agacha, sorprendido pero con una sonrisa enorme, toma la Rosa y la coloca en la empuñadura de su Bandoneón, me quedé como hipnotizado, tonto, en shock. Aún hoy aquella imagen de la Rosa y el Bandoneón, se aparece en mi mente como un barco saliendo de la niebla, cobrando vida, despertándome. Lo que sigue, no es apto para cardíacos, así que se los cuento en la próxima…


 

El Bandoneón y la Rosa

Tango ficción. Segunda temporada.


Barracas al sur, barrio de Tango donde todavía se celebra el rito ancestral de la amistad y la lealtad al club cuyos templos son sus Bares, la Milonga y la Calle.

Meses atrás, en el Sol de Oro, Gente tanguera protagonizó un hecho que dejó una marca imborrable en la memoria de los que fuimos testigos.(con el ánimo de refrescarles la memoria) Les cuento: fue un sábado de Milonga en el club, el trío el Metejón estaba tocando la última tanda, ya pasadas las doce, vemos entrar al Zurdo Flores del brazo con Lucía (qué caradura!!)

Lucía la mina que todos nos diputábamos en secreto, anduvo noviando con el bandoneonista del Metejón y pasó lo que todos temíamos, de la fiesta al drama en un segundo, Raul deja su Bandoneón en el piso salta del escenario, empuja al Zurdo para separarlo de Lucía, éste lejos de amedrentarse saca un puńal tira una estocada atravesando la mano izquierda de Raúl y cuando se disponía a rematarlo suena el chunbazo de Salgado certero, justo a tiempo, dejando al Zurdo en el piso y a nosotros paralizados. Lo demás ya es leyenda.

Como se darán cuenta la historia parece salida de un Tango y no es más que la realidad, la simple condición de hombres y mujeres representándose a sí mismos en el teatro de la vida, es la gente sencilla la que ha generado al Tango.

La pasión por una mujer, los hombres enfrentados en la pista y en la vida, la amistad, la lealtad, el fervor por un color y todo lo que hace del Tanguero lo que es, todos componentes verdaderos de los que se nutre la sabiduría popular.

Y no podía fallar nuestro querido barrio con su leyenda se inscribe en la noche mística de la enigmática Buenos Aires.

Ustedes saben que el barrio no perdona y que nadie quiere ser el hijo de la pavota, ni tampoco la hija del vecino, sin embargo no se salva ni el botón, las comadres cuentan la historia del Sol de Oro a gusto y piacere, sin escatimar adjetivos haciendo gala de una imaginación envidiable, en fin…por ejemplo: versiones recogidas en el mercado

dan cuenta que el héroe de la noche Salgado que con su disparo salvó a Raúl de una muerte segura, es un peligroso hampón buscado por la federal, en verdad nadie sabe de donde salió Salgado, sólo el Cacho (el pianista) pero ése es un secreto no revelado.

Ahora resulta que Raúl por culpa de Lucía cayó en la bebida y está perdido, esto sí me causa gracia, Raulito siempre le dio al escabio, los que frecuentamos el Remolino lo sabemos, quizás ahora esté algo caído pero siempre le dió al tinto y a la birra como gallego a la gaita (no jodan!!) De Lucía se dice de todo algo que me da mucha pena,

es que los narradores de turno, agregan letra y hermosean con adornos propios, es decir le dan un toque personal a los hechos, pienso que es una manera de formar parte de la Leyenda, si no estuviste esa noche en la Milonga, no importa le agrega algo y chau ahí está presente en algo que no tiene ni arte ni parte, el Rioba es así y punto.

Poco a poco la tarde se fue haciendo noche, el tiempo parece detenerse en las mesas del Remolino, mientras mascullo pensamientos, ya se fueron dos cafés el Gordo Oscar,

viene con un platito con una media luna, se ríe diciéndome -ya sé no me pediste nada; ésta es de regalo- se va, canturreando algo, que personaje!!! la verdad no sé si en la trastienda llora a gritos, pero de este lado parece un tipo feliz. Veo pasar a Silvia una minita de la Milonga amiga de Lucía, una de las que solía sentarse con ella, le hago seńas para que entre, hace como que no me vió, le golpéo el vidrio, no le quedó otra que entrar,- qué pasa, te debo algo- me tira mala onda ahí paradita cerca de mi mesa, hago un ademán invitándola a sentarse, se sienta y sin respiro lanza otra ofensiva - No, no quiero salir con vos- -He… pará, pará, que yo soy amigo- se ríe y sarcásticamente tira otra bomba - con amigos como vos…- ya me estaba poniendo algo nervioso tanta agresión y sin darme tiempo me pregunta - para qué me hiciste entrar?- -Mirá yo no sé si tuviste un día malo, pero si venís con la bombilla tapada ese mate no te lo cebé yo-

se frenó un poco y ví que cambió de actitud, - sólo te quería preguntar por Lucía, si la viste si está bien, cómo anda?- Silvia apoyando los brazos en la mesa, agachando la cabeza se pierde por un segundo y al volver me dice- no sé y si supiera no te lo diría, si querés saber algo de Lucía preguntale a ella- me quedé algo cortado y sólo atiné a decir que yo sólo quería saber cómo estaba, El Gordo Oscar se acerca con un café, nunca estuvo tan oportuno, nos dió una pausa, tanto Silvia como yo respiramos profundo, el Gordo me guińa un ojo y deja un papel con la cuenta, esta vez Silvia empieza a contarme lo que estaba pasando la dejo hablar, para que se desahogue,- vos sabés lo que las chusmas dicen?… que Lucía labura en una casa de masajes y que lo engatusó al Raúl para pedirle guita, a vos te parece que es justo? cuando todos sabemos que la que se llevó la peor parte fue ella- - bueno tampoco exageremos, que ella no tiene ningún balazo- se lo dije en voz baja- y claro que te vas a hacer cargo vos, hay cosas peores que un tiro- Silvia había comenzado a levantar un poco la voz y la barra del café comenzaba a hacer seńas como queriendo saber que pasaba, Silvia se para y casi gritando me dice - claro que te vas a hacer cargo vos si la culpa de todo es tuya, sí que te que de claro, el quilombo lo armaste vos- y se fue así sin mas, me dejó helado, desde otra mesa veo al Cacho haciendo movimientos con sus manos como si hubiera agarrado algo muy caliente.

Y si me volví loco, algo de lo que dijo Silvia me pegó mal, en realidad dijo poco, en resumen que la culpa de lo que pasó entre Raúl, Lucía y el Zurdo, es mía..

Otra noche sin dormir, la conversación me daba vueltas en la cabeza y si tenían razón,

y la culpa era mía por algo que hice o no hice, lo único que podía hacer era encontrar a Lucía y hablar con ella, y que me diga la verdad.

Esta vez la consabida sabiduría popular me manda al frente sin casco ni fusil.

continúa.


 

El Bandoneón y la Rosa

Tango ficción Segunda temporada

Segundo episodio.


Que el tiempo está loco, no es novedad, en pleno noviembre un frío polar, de aquellos que te dan ganas de salir con el colchón al hombro, una ventolina que te entra hasta la médula y la llovizna cayendo en diminutos alfileres, pintando todo de gris ahondando aún más la extrańa vivencia de ser porteńo, si Dios es argento hoy seguro se está tomando un feca.

El bondi me deja en Callao y Corrientes, de porfiado que soy se me ocurre caminar hasta la 9 de Julio… para aclarar un poco los pensamientos, miércoles por la tarde, bueno ya casi de noche.

La breve charla con Silvia, el otro día en el Remolino, seguía resonando en mí, con la fuerza de una condena final, sin marcha atrás, - la culpa es tuya- dijo así sin anestesia, me dejó en carne viva dudando y eso me tenía intranquilo, no por la gente del barrio, sino por Lucía, que la gente es mala y comenta ya lo sabemos, lo que me importa es lo que Lucía piensa de mí, por eso la busco.

Luego de aquella noche en la que Salgado disparó contra el Zurdo salvando a Raúl, se produjo un desbande lógico, Salgado se esfumó (obvio),Raúl abandonó al trío de Tango diciendo que la mano le quedó mal, aún hoy usa un vendaje innecesario, dońa Teresa (su madre) nos contó que toca a escondidas. Lucía se fué del barrio, supimos

que vive con una amiga de la facultad, por Recoleta.

Del Zurdo Flores mejor ni hablar, el muy caradura anda por las Milongas haciendo averiguaciones al estilo de la yuta, buscando a Salgado, para un ajuste de cuentas, que lo dejo rengo, que casi no puede bailar, que le arruinó la vida, no sé… pero el muy botón la va de víctima, algo que me produce una profunda repugnancia.

La lluvia arrecia y la calle Corrientes aparece ante mí como un cristal empańado con sus luces y reflejos, el obelisco todavía lejos es el faro del que me aferré para no perderme, busqué a Lucía en el rostro de las que como yo caminaban en la noche, extrańo sortilegio de la mente la encontré mil veces y otras tantas la perdí.

La mirada de ella aquella noche, cuando le dió la rosa a Raúl, eligiéndome de entre todos, sus ojos me buscaron como pidiendo ayuda, recuerdo que me quedé helado sin reacción, hoy a la distancia me pregunto si debí haber actuado, por eso quiero encontrarla y que me diga ella misma, que es lo que pasó por su mente.

Una posibilidad es que Lucía y su atracción por el Tango, la lleve a alguna Milonga del centro a caer de incógnito, para bailarse unas tandas, el baile sería una excusa para hablar con ella, ésa sería quizás la única oportunidad.

Cuadra tras cuadra fui rumbeando para SanTelmo, era miércoles, camine derechito para la Maldita Milonga. El asfalto lustrado por el paso de los autos, brillaba con luces fantasmagóricas , La ciudad abría sus ojos de nińa rebelde, cemento húmedo y chasquidos de baldosas, sí…rebelde de noches eternas sin esperanza, fundadas en promesas no cumplidas, soplaba un aire triste en San Telmo, pero eso no me importaba.

A paso firme, tangueando como si estuviera en la pista, a veces silbando algún tanguito, dejé que mi mente volara y me ví, no me costó mucho, me ví hablando con Lucía, tomando un café, nos ví sonrientes agarrados de la mano paseando, hasta que la realidad me despierta de un paraguazo… una anciana casí me saca un ojo, -perdoname querido es que no veo bien de noche- y mientras escurría las gotas de lluvia de esa pieza de museo con la casi me deja tuerto, desaparece entre las sombras como un murciélago negro noche, casi sobrenatural.

Y la culpa volvió a acosarme como un fantasma, quizás Silvia estaba en lo cierto y sólo yo era el responsable de todo.

Casi sin darme cuenta me detuve en la esquina, a mitad de cuadra quedaba la entrada de la Milonga, estaba empapado tenia que ponerme algo presentable, para entrar y quizás encontrarme con la Lucia.

Noche fría, oscura con muy poca gente en la calle, algún tachero que pasa cerca y despacio por si lo paro, buscando el mango, que pare la olla, frío y viento sin piedad, frío en el alma, penumbra de ciudad, en la que se esconden los solitarios como yo, de repente de entre los claroscuros de la otra esquina veo dos siluetas que se agrandan a cada paso, venían como para entrar a la Milonga, con sorpresa reconozco a uno de ellos, era el Zurdo Flores, con más sorpresa descubro que el chabón camina mejor que yo, (la renguera del perro) el tipo estaba más sano de lo que decía, nos mintió a todos, esta historia cada vez me cierra menos, los dos entraron a la Milonga.

Me quedé un rato afuera, para darles tiempo, no quería que me vieran, la iba a jugar de Cayetano, y si estaba Lucía adentro?

Lo que pasó esa noche se los cuento en la Próxima.


 

El Bandoneon y la Rosa

Tango ficcion, segunda temporada

Tercer episodio


Les sigo contando, antes de entrar a la Maldita milonga (de verdad así se llama), espere a que el Zurdo y su amigo entraran primero, deje pasar unos minutos y comencé a subir la escalera hasta el primer piso, pague la entrada y me mande tratando de no llamar la atención.

La quise jugar de bajo perfil, me salió al revés, entro y me quedo en un rincón oscuro, me palmean el hombro- que haces pibe?-me dio vuelta era el Zurdo Flores, se arrima me da un abrazo de amigo, le seguí el juego, el sabe que no es santo de mi devoción,- eras vos el que estaba parado en la esquina? que ganas de mojarse al cohete- sonreí falsamente disimulando mi profundo rechazo le dije que estaba esperando a un amigo, me presento a su compinche un tal Roberto, tenían una mesa reservada y me invitaron a sentarme con ellos, pensé que seria buena idea compartir unos momentos, por ahi me entero por donde anda Lucia no se cualquier dato que me permita encontrarla, así que trague saliva y me propuse ser simpatico.

-Vamos- dijo una moza mostrándonos el camino, a travez del gentío, con mucho esfuerzo avanzamos, al Zurdo lo saludo todo el mundo, abrazos besos de todos lados al parecer su popularidad no era cuento, ligue un par de apretones de mano y luego de alguna que otra presentación, nos sentamos en una mesita al costado del escenario, -ya vuelvo- dijo la chica que nos acompańo, una morocha Argentina de aquellas.

El Zurdo hacia pata ancha, gesticulaba y se reía ampulosamente parecía actuar en una película, no se a quien me hacia acordar.

Hablamos de tonterías, el tiempo, gobierno, la selección, Messi en fin formalidades del momento, hubo un cambio de ritmo por la orquesta que se disponía a comenzar su show, en ese ínterin sin vuelta el Zurdo me pregunta -por donde anda Salgado- al toque le respondo -no tengo idea, se lo trago la tierra- los dos me miraron feo, y la verdad es que nadie sabe por donde anda salgado, pero estos dos no me creyeron, el Zurdo echaba fuego por los ojos, pude ver el odio reflejado en la expresión de su cara que en la penumbra del lugar daba miedo,

-No, batime la justa- pasa su brazo por sobre mi hombro y con voz firme me dice-Mira yo con vos no tengo ningún problema si sabes salgo desembucha y seguimos como amigos- quiso ablandarme, a mi ya se me estaban volando los pájaros y sentí una corriente eléctrica por la columna, me enderezo en la silla para liberarme de su brazo y cambiando el tono de mi vos y en tensa calma le respondo -ya te dije no tengo idea, se piro-. En eso llega la moza sonriente con una botella de champagne y tres copas -Zurdo te la manda el dire- desde el escenario el pianista saluda con su mano, el Zurdo le devuelve la atención, de igual manera, la orquesta comienza a tocar.

Roberto tomo la botella mientras la moza se iba comenzó a servir, rebalsando las copas mirándome dice -me casaría hoy con esa belleza- la chica lo escucho se fue sonriente, moviendo su dedo indice en seńal negativa.

El alcohol trajo un poco de distensión, aprovechamos la tregua para mirar mas halla de nuestra mesa, la Milonga estaba a pleno, la pista repleta de buenos bailarines, seńoritas haciendo gala de sus atributos y caballeros de todo tipo.

La ceremonia del Tango con su magia, obraba una vez su efecto hipnótico, la orquesta sonaba con el poder que tienen los virtuosos del sonido, capaces de evocar los mas profundos sentimientos arraigados en el corazón, valla a saber a donde fue cada uno de nosotros pode ver al Zurdo emocionarse con cada Tango, tal vez no sea tan mal tipo pensé para mis adentros.

Salio a bailar el Zurdo unas tandas con diferentes compańeras, la verdad el chabon era un maestro debo admitirlo

hasta sus colegas grandes bailarines relogeaban con envidia, las pasadas que les hacia a propósito, Flores se deslizaba como una pantera entre las parejas, parecía no tocar el piso.

Al volver de su viaje por la pista, el tipo se sienta y retoma su interrogatorio -vamos pibe, larga el rollo- haciendose el recio, alza su copa y se la clava de una (fondo blanco).

lo de pibe me cabia yo al lado de ellos parecía mucho mas joven, haciéndome el gracioso le digo -espera que te traigo uno del bańo- se rieron los dos, seguimos tomando y la segunda botella no se hizo esperar.

El Zurdo tendría unos cuarenta o cincuenta, estaba marcado por la vida y la noche, de rostro anguloso medio pardo y ojos pequeńos undidos en las órbitas, voz ronca y manos grandes que al hablar se movían en ademanes similares a los de los cantantes, me mira fijo y comienza a contarme a modo de confesión, sus historias de tanguero ganador, hablaba sin parar y por un rato largo no le preste atención, hasta que nombro a Lucia y ahi se me prendieron todas las luces, me contó que el tenia un lugar en una compańia para irse de gira por Europa bailando Tango obviamente y que le había dicho a Lucia para que lo acompańe como partenaire, las cosas comenzaban a tener sentido, el disparo de Salgado lo dejo fuera de combate.

-Lucia es una buena mina- dijo varias veces y cuando hablaba de ella le cambiaba la voz cosa que me ponía algo nervioso, -Ella quiere bailar- repitio una y otra vez, dándome a entender que entre ellos no paso nada, al menos eso era lo que yo quería entender.

Los salude y le agradeci al Zurdo el haberme invitado a su mesa, me daba pena irme la Milonga reventaba de Tango por los cuatro costados, yo ya tenia lo que quería, Roberto me batio que la vio por Villa Urquiza, Sunderland seria mi próxima Milonga, por ahí se me da.

Me tome el once hasta constitución, la noche se mostraba como una dama lista para salir, de largo vestido negro cargada de joyas adornando la belleza natural, fresca y joven la Buenos Aires nocturna, por obra del pampero nos dejaba ver el terciopelo negro de su cielo diamantino de estrellas.

Camine pensando en la charla con el zurdo y claro el esperaba la consagración del bailarín, salir y triunfar en Paris

volver con los laureles que todo tanguero aspira, Salgado sin querer cambio su destino.

En Plaza Constitution me subí a un colectivo, eran pasada les doce, -y si me pego una vuelta por el Remolino- me dije, a ver a la barra del café, la verdad los tenia un poco abandonados, pero uy Dios!! con lo que me encontré,

mejor se los cuento en la próxima.


 

El Bandoneon y la Rosa

Tango Ficcion

Segunda Temporada Episodio 4


Uy Dios con lo me encontré en el Remolino…

Llegue de madrugada como a la una y les confieso que nunca lo vi tan revuelto.

Desde fuera pude ver que la mesa de la barra estaba atestada de gente que apenas yo conocía, a travez de la ventana los veía gesticular, salir y entrar como en un teatro en plena función.

Acelero el paso movido por la curiosidad, no era normal tanta actividad a esa hora.

Ya en la puerta el gordo Oscar, me para y serio me dice -esto no puede quedar así- -De que hablas, gordo?- y apartandolo con un brazo comienzo a caminar en dirección a nuestra mesa, a los pocos pasos me cruza Ernesto serio y circunspecto me tira la frase -conta con migo, para lo que sea- el tipo sale del Bar sin darme tiempo a que le pregunte de que se trata todo esto,

por fin llego a la mesa, las caras eran de terror, exudaban bronca e impotencia a la vez, yo no salida de mi asombro, en el medio de todos estaba el Cacho (el pianista del Metejon, se acuerdan?) vendado por todos lados, la ropa manchada de sangre, un ojo medio cerrado y la boca partida al medio, no se que me paso, largue una carcajada y le digo -como habra quedado el camión- Imaginence, las miradas me fusilaron, y si yo soy el desubicado que se ríe hasta en los velorios de nervioso que soy nomas.

Al Cacho se le escapa una puteada, ahí me di cuenta que el horno no estaba para bollos, el nunca usa palabras ofensivas

con nadie, me alcanzan una silla y me acomodo al lado, -Bueno dale, que paso?- me estaba sintiendo algo alterado, ya ansioso por saber y presagiando la tragedia griega le pido al Gordo Oscar una Ginebra y me predispongo a escuchar.

Con mucha dificultad el Cacho comenzó a contarme lo ocurrido se lo notaba lastimado y con dolor- No se, me agarraron por sorpresa estaba oscuro, no pude ver quien era- con un pańuelo se limpiaba la boca, que al hablar había comenzado a sangrar

-Te afanaron algo?- le pregunto -No nada, me preguntaron por Salgado mientras me pegaban, amenazaban con romperme los dedos- Hubo un instante de silencio que aproveche para mirar quien estaba, los vi a todos la Barra de siempre en las buenas y en las malas.

-Fue el Zurdo- grite de rabia pegándole una trompada a la mesa haciendo saltar los pocillos de café. Raul estaba en un costado ido y compungido como un pollito mojado, tomandose de la mano vendada pega un salto de la silla, y dirigiéndose a todos con voz firme como en arenga de guerra -esto no se lo podemos dejar pasar!!- todos asintieron a viva voz, Cacho continua su relato como no prestando atención a los que gritaban, -Me preguntaron por Salgado, que donde estaba, donde se esconde? bla, bla bla, me dijeron que eran de la federal- Juancito el quiosquero lo interrumpe y mirándolo fijamente le dice -Cacho, el Zurdo y otro mas pasaron hoy como a las siete, compraron cigarrillos, se quedaron un rato largo en la esquina-

No había que dar muchas vueltas, todo apuntaba al Zurdo y su amigo (Roberto) como los culpables.

Cacho hace una seńal con su mano con el animo de apaciguar, algunos estaban mas que exaltados,-No vamos a hacer nada-

se produjo otro silencio -No pude ver nada, aunque estoy seguro que no era la Yuta- -Por que? varios le preguntaron a la vez -Se hablan mentiras, Salgado si anda escapado pero no de la cana y punto no se habla mas del tema-.

Varios nos quedamos con la boca abierta, Raul se sentó con la mirada perdida en la ventana y yo la verdad me sentí un poco traidor por haber esta con el Zurdo meta brindis en la Milonga.

Al toque viene el Gordo con una bandeja llena de vasitos y una botella de Pernou, lentamente va dejando los vasos en la mesa mientras que en voz baja nos alecciona -Pase lo que pase, estoy con ustedes, pero por favor lejos del Bar, esta claro?-

El Gordo es un amigo (lo ha demostrado en infinidad de veces) todos sabemos que los viernes se arma una Timba en la trastienda del Remolino, hasta el Taquero viene a jugarse unos Morlacos, el Barrio es el Barrio y hay que respetar los códigos

-Todo bien- le dice el Cacho -No va a pasar nada ni adentro ni afuera del Bar- todos parecían estar de acuerdo, de movida el Cacho tenia la ultima palabra en este asunto.

Nosotros nos miramos en complicidad y dejamos las cosas así, para no levantar el avispero, lo que decidimos en secreto se los cuenta la próxima.


By Jorge Visconti


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