Algunas Consideraciones sobre La Pandemia

Updated: Nov 16, 2020

En este año en curso se ha desatado un virus que literalmente y también metafóricamente ha puesto al mundo de rodillas, los países autodenominados de primer mundo como así también los del otro mundo, no han encontrado ni tampoco aún hoy encuentran un modo eficiente de ponerse nuevamente de pie.

Tomando en cuenta que algunos estados han aplicado recaudos más estrictos que otros o han hecho acento en restricciones más o menos discutibles respectos de otros, lo cierto es que la pandemia se ha instalado de forma severa y haga lo que se haga, genera consecuencias en la forma de vivir actual.


Algunas consecuencias significativas en la forma de vida cotidiana merecen una atención especial.

Estamos atravezados por una situación inédita que de alguna forma desnuda la incerteza del mundo que habitamos o más precisamente el carácter de ilusión del mundo que construímos.

Asistimos a la caída de paradigmas que parecían bien firmes en nuestra existencia cotidiana como la idea de futuro, la idea de tiempo, la idea de una autoconstrucción en el tiempo, de proyecciones más o menos pretenciosas.


Es dable a considerar que la pandemia se ha instalado de tal manera que es frecuente encontrar la idea de que , “el virus ha llegado para quedarse”, “debemos aprender a convivir con el virus”, esto conlleva un inconveniente oculto, ¿qué quiere decir convivir con el virus?, lo que se pone en evidencia al pensar la pregunta, es que convivir con el virus es pensar la dimensión de convivir con el otro y qué es el otro ante el cual nos relacionamos en la vertiente socio cultural.

Aquí hay que considerar que la pandemia y las restriciones que impone a los fines del cuidado de la vida, como el obedecer al distanciamiento social, las distintas betas de la cuarentena, más ferreas o más lábiles, el uso de tapaboca y máscaras, el no abrazo y saludo de contacto con el otro, el evitar compartir espacios cerrados, las no reuniones entre amigos o familiares, son las nuevas dimensiones de convivencia con el otro.


El otro en su estatuto de semejante ha pasado a ser alguien que puede portar algo de carácter amenazador, su presencia, su cercanía puede consistir un peligro en algunos casos de carácter fatal o con consecuencias graves, pero en líneas generales de incertidumbre.

Esto modifica de forma considerable el lazo social más allá que existan grupos que se posicionan como si la pandemia no existiera pero no por negarla se evitan sus consecuencias y las curvas crecientes de contagios y muertos dan testimonio de esto.


Si consideramos que la pandemia trajo consigo la ruptura de la ilusión social de ciertas seguridades y vida “normal” que se tenía y que no queda más que esperar que la ciencia aporte la solución definitiva se estará en peligro de futuras repeticiones de lo mismo.

La vida prepandemia está y estaba lejos de poder ser considerada como normal o el concepto de normal no explica la normalidad, que se estaba habituado a un mundo ya conocido no implica por sí mismo la normalidad y si bien la ciencia puede aportar un gran alivio para combatir a la enfermedad

debemos tener en cuenta que la vida normal de antes, nos trajo hasta acá, el virus y su desatada potencia de contagio devinieron en una pandemia que es coherente, inherente, intrínseco al modo de vida cultural actual y no es ajeno a como nos enlazamos al otro.


Estamos en la dimensión del sufrimiento y el padecimiento y la triteza psíquica, enfrentamos algo inédito, duelamos de algún modo el vínculo que teníamos con el otro y también con las cosas del mundo. Estamos en tiempos de sensaciones penosas con sus matices pero no de patologización y de encuentro con lo traumático, sería muy aventurado hoy día pensar en la pandemia como lo traumático.



Debemos considerar muy seriamente que la promesa cultural de volver a lo que teníamos y que perdimos por el momento es una promesa falsa, si perdimos algo sería más apropiado situarnos en relación a esa pérdida y obtener un conocimiento apropiado de tal situación, obtener un conocimiento que nos permita posicionarnos mejor que ponernos a exigir una reparación a la cultura y a sus promesas.

Si bien es posible pensar algunos reposicionamientos de carácter subjetivo, como respuesta ante tamaña situación como la de reinventar el lazo al otro que contemple la imposibilidad de contacto con su cuerpo o con su cercanía, esto no implica quedar por fuera del vínculo, sino hacer algo con el condicionante que se impone, tampoco es imposible pensar en proyectos propios que contemplen lo que es posible y lo que no lo es, sea en materia económica o laboral, más allá de las restricciones imperantes.

Es más apropiado situarse en la perpectiva de asumir la cotideanidad en el ámbito de lo posible, que sólo quedarse con lo que ya no se tiene o no se puede, tendrán una mejor respuesta ante tan compleja situción los que asuman que se ha perdido una forma de vida conocida y se está en la posibilidad de repensar otras formas.

Esto no implica recargar las tintas en la tan ya golpeada subjetividad y responsabilizarla únicamente de una salida.

Es necesario también que se coordinen con formas de respuestas de la cultura en sus ideas sanitarias o en las ayudas que los estados puedan brindar a sus ciudadanos en materia económica.


La cultura y sus distintas formas de manifestacion no pueden quitarnos la marca de que estar en la vida, es estar obligados a asumir que la existencia humana es frágil ante la potencia de la naturaleza que estamos aquí arrojados en el mundo a la “buena de Dios” asumir esto es de vital importancia.

La pandemia vino a poner de manifiesto crudamente nuestra endeblez y esto es un hecho de estructura, vale para todas las culturas y todas las formas políticas, aunque claramente no es lo mismo las políticas sanitarias que intentan hacer acento en el cuidado de la vida a las políticas que hacen mayor acento en la economía, esto no es una crítica a la política sino una forma de diferenciar como los estados piensan la subjetividad de sus habitantes.


El tiempo se ha detenido a la espera de una vacuna mientras tanto esperamos, es una forma de decir que el tiempo es indeterminable, relativo y no absoluto, creamos y creemos en un mundo que no tiene tiempo, que se cansó de esperar, ya es mucho , la espera es muy larga se replica en algunos medios de comunicación, no se puede esperar más... pues si no se puede esperar, si no hay tiempo se está en eterna urgencia y aparece el sujeto de la desesperación capaz de hacer casi cualquier cosa, en su desesperación.


Asistimos a una profunda crisis global pero no sólo por la pandemia, tal vez, el virus también sea producto de la crisis humana actual, el planeta está en una crisis ambiental sin precedentes, la crisis por la tierra y los migrantes, la amenaza siempre vigente de un mundo en guerra etc etc.

Ante estas breves consideraciones en tiempos de pandemia y donde todo parece sin salida y absolutamente desesperanzador y donde parece que habitamos el desconcierto y que no queda más que sucumbir en manos de un virus o morirnos de hambre ante el desastre económico por la pandemia (falsa disyuntiva) se abren perspectivas donde colocar al hombre en el centro de la escena, una postura más humanista, donde el hombre conviva y sea en relación y con la tierra, que habite el mundo estando en él integrado.



Violenta ecuación

De vivir sin un por qué

No quiero soñar

Fuera del mundo no hay una

Fuera del mundo no hay una

El cielo en blanco enorme lejísimo

Cielo en blanco enorme lejísimo

Lejísimo lejísimo

Nosotros adentro

Nosotros adentro.


Luis Alberto Spinetta, lejisimo, tester de violencia.


- Lic Oscar Visconti


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