Algunas consideraciones sobre el miedo y sus consecuencias

Updated: Sep 9, 2020



Tratar de poder definir al miedo es una tarea de cierta complejidad, para poder considerar al miedo de una forma comprensible lo primero que hay que poder decir es, que pertenece al rubro de los afectos humanos, el miedo es un afecto, una sensación, un sentir.

La sensación es de intranquilidad, de sentir una amenaza, o de estar en lo concreto amenazados por algo o alguien.

La amenaza constituye un elemento necesario en la composición del miedo, si se siente miedo siempre se estará ante la sensación de estar amenazado por “algo”.

Que exista un “algo” ya sea cotidiano de la realidad o presente o pasado o futuro o de características imaginarias, pero siempre amenazador. Nos indica que siempre que hablamos de miedo estamos en presencia de “algo”, de un objeto.

La presencia de un objeto al cual se le teme, es un componente esencial del miedo. Es decir que las manifestaciones tan escuchadas y reiteradas de “miedo a lo desconocido “o “al futuro” o a “lo nuevo”, no debemos considerarlo miedo ya que carecen dichas expresiones de la presencia de ese objeto, ese “algo”. Esas expresiones habrá que considerarlas como resistencias a lo nuevo o al futuro o a lo desconocido.

Si el miedo tiene en el objeto un componente fundamental y necesario, podemos ubicar claramente que “casi cualquier cosa “de la realidad cotidiana puede ocupar el lugar de ese objeto, ya sea un animal considerado amenazador o el enfrentarse a un hecho de violencia o una discusión de carácter siempre amenazadora.

Como se sigue de lo ante dicho, el miedo es una respuesta ante lo amenazador, se vuelve una respuesta necesaria para la conservación de la vida en muchos casos, ya que nos permitiría emprender la huida o el escape ante lo que consideramos nos pone en peligro de vida o de perder nuestra integridad.

Si la respuesta es la huida entonces ese miedo que nos permitió tomar esa decisión, no es un miedo que paraliza, nos permite el movimiento.

El miedo se vuelve paralizador y entonces un verdadero problema, cuando se superan determinadas valores de intensidad y cuando por algún motivo no podemos emprender la huida y no podemos evitar al objeto tan temido. Aquí ya estamos en presencia de diferentes formas de presentarse el miedo que van desde el temor, el horror y el terror.

Es probable que algunas de esas formas excesivas de responder ante la amenaza, como su forma más extrema que es el terror requieran ayuda profesional.

Vale aclarar que el miedo y su forma extrema el terror o también conocido como pánico no son confundibles con la angustia.

La angustia tiene una estructura y una forma de producción y un objeto que le es propio que la distingue del miedo.

Ante un pequeño monto de miedo y que no paraliza, no inmoviliza y que incluso tiene un carácter de corta duración de tiempo y que es el que antes señalamos como respuesta para conservar la vida y la integridad, las personas no presentan grandes inconvenientes que requieran consulta profesional.

En algunas oportunidades, cada vez más frecuentes, el objeto del miedo, ese “algo”, que produce tan incómoda sensación de miedo, toma un carácter representativo y no tan cotidiano de nuestra realidad o se torna muy difícil poder identificarlo, precisarlo o se le supone una cercanía amenazadora e insoportable es entonces donde el miedo cobra un carácter paralizador, hasta aterrador.

La solución sería que la persona recordara que solo se trata de una sensación de miedo y que no tiene un fundamento lógico racional como para paralizarse. Parece muy sencillo hacer tal operación, pero claramente no lo es, las personas en ataques de miedo, se encuentran tomados en su totalidad por la sensación y ningún argumento racional por más lógico que sea los logra calmar.

Aquí se requiere ayuda profesional que le permita a la persona empezar a saber, que ese objeto representa algo en su vida biográfica y que se escapa a su alcance racional.

Lic. Oscar Visconti.

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